Rebeliones y Represión en América Latina

03.07.2020 23:40

En distintos países del continente se están presentando protestas populares, en las que se han movilizado millones de personas, en un ciclo rebelde que se inició en el segundo semestre del 2019. Este ciclo de protestas comenzó en Haití a mediados de septiembre, donde miles de hombres y mujeres salieron a protestar contra el aumento del precio de la gasolina y la corrupción del régimen de Jovenel Moïse. La respuesta oficial fue la represión indiscriminada, con un saldo de 80 muertos y cientos de heridos y detenidos. 

El ciclo de protestas tiene elementos comunes, de índole objetiva y subjetiva. En términos objetivos, cada uno de nuestros países tiene unos rasgos evidentes de injusticia social, que hacen de América Latina el continente más desigual del planeta, desigualdad que se ha acentuado con las políticas neoliberales. En términos subjetivos ha emergido el sentimiento de indignación y de rechazo al orden establecido y a todas sus miserias. 

Las protestas no han sido convocadas por partidos políticos, sino por movimientos y organizaciones sociales y han sido, en gran medida, espontáneas. En Ecuador, como respuesta a un paquetazo neoliberal del gobierno de Lenin Moreno que elevaba el precio de los combustibles y despedía a miles de trabajadores del sector público, se generó una masiva movilización que logró revertir las medi- das antipopulares. La represión dejó 8 muertos y 1300 heridos. 

A mediados de octubre se inició la rebelión popular en Chile, la que ha adquirido una gran intensidad y radicalidad, puesto que se ha prolongado durante cinco meses. Comenzó como una protesta contra el alza del precio del pasaje de Metro en Santiago y luego se extendió por todo el país. Los militares chilenos, como alumnos del genocida Pinochet, han procedido brutalmente contra la población. El resultado: 31 muertos, miles de heridos, centenares de detenidos. 

El método predilecto de la represión en Chile ha sido el de disparar directamente a los ojos de los manifestantes, lo que ha dejado a 400 personas con daños oculares irreparables. 

En Bolivia, tras el golpe de Estado que derrocó a Evo Morales el 21 de octubre, los usurpadores han llevado a cabo varias matanzas, con un resultado de 32 personas asesinadas. 

En Colombia, la movilización que comenzó el 21 de noviembre para enfrentar el paquetazo del régimen de Iván Duque alcanzó cotas de participación sin antecedentes en la historia reciente. La respuesta ha sido la calumnia, la desinformación y la represión, que deja un resultado de cinco muertos y decenas de heridos. 

En nuestro país, se está llevando a cabo un genocidio “gota a gota” en el que son asesinados líderes y lideresas sociales y ex guerrilleros. Desde la firma de los acuerdos de La Habana han sido asesinados 200 ex combatientes y 700 dirigentes sociales. 

La “sofisticación” y el sadismo de los cuerpos represivos es un indicador de la influencia de los Estados Unidos e Israel, que han “educado” a los militares del continente en la doctrina del enemigo interno. 

Israel ha sido “invitado” por los golpistas bolivianos para combatir a un supuesto terrorismo de izquierda pero, sobre todo, para implementar la persecución de los indígenas, porque Israel tiene experiencia en colonizar Palestina y masacrar a sus habitantes. 

En 2018 Israel y Chile firmaron un acuerdo de cooperación militar en adoctrinamiento contrainsurgente, que ha aplicado Sebastián Piñera desde octubre. No sorprende que la táctica de mutilación (en este caso de los ojos) se haya extendido al estilo israelí en los territorios ocupados, en los cuales los francotiradores masacran a los palestinos. 

REVISTA CEPA 30 VIRTUAL JUL 2.pdf