No todos los muertos son iguales, la mayoría vestían prendas campesinas.

22.10.2019 05:13

KAVILANDO

 

Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños

 

Ha llegado la hora de rodear y acompañar a todas las víctimas, sin interesar los harapos, las prendas o los uniformes que porten, sin importar de que sean ricos, pobres, negros, blancos o amarillos.

                                                                                                  

      La prudencia invita al silencio. El silencio es el cuerpo de la mordaza.

 

Sin necesidad de la ballesta, de la metralla, sin derramar los litros de sangre que exigían los generales a sus soldados en campos de batalla reales y ficticios, la debilitada y oprimida democracia le sonríe a los ciudadanos y las ciudadanas. Busca por doquier votos de confianza. Se encuentra atenuada, más no desanimada, de ahí que grite, no a las paredes ni a las montañas, sino a las personas de carne y hueso, que hoy, más que nunca, tienen la oportunidad de comenzar a cerrarle la puerta a la guerra, a la barbarie, a la ignorancia, a la impunidad y a la injusticia.

Para ello se hace indispensable, además de articular esfuerzos, temáticas y el trabajo de organizaciones populares y oficiales, entre otros, que la sociedad en pleno se exprese a través del voto popular.

Sin embargo, este clamor de la sociedad lo quieren silenciar aquellos y aquellas que se han beneficiado de la guerra, quienes han ocultado sus crímenes políticos, económicos y sociales bajo los titulares de algunos medios de comunicación los cuales, como escuderos falseadores de la verdad, señalan a la “guerrilla”, al “castrochavismo” y a la “izquierda” de los problemas sociales. Esos medios desconocen que los que señalan, jamás se han paseado por los pasillos del Palacio de Nariño, puesto que nunca han contado con el poder.



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