No cobraré la recompensa, solo quiero justicia

28.09.2020 12:29

Por: Ariel Ávila

En los vídeos que ustedes vieron se aprecian fácilmente los policías, motos y camión de la zona. En este caso, no queda duda de quién disparó o quiénes lo hicieron y tampoco quiénes son los asesinos criminales.

Luego de dos semanas de la masacre del 9 y 10 de septiembre en Bogotá, en la que más de 10 personas fueron asesinadas y otras decenas heridas con armas de fuego, no ha pasado nada. Las autoridades siguen en su estrategia de hacer creer que es más importante capturar a los que rompieron un vidrio blindado y quemaron unos ladrillos, que a los asesinos de todas esas personas masacradas. Para ello, han desplegado tres estrategias. Por un lado, un cartel con los supuestos vándalos de los CAI. En segundo lugar, hacer creer que las disidencias de las Farc y el ELN están detrás de las manifestaciones. Para ello, Miguel Ceballos, alto comisionado para la paz, ha dicho tener como prueba contundente una página web y una cuenta de Twitter, lo cual demostraría dicha infiltración, y, como tercera estrategia, el presidente Duque se disfrazó de policía, mandando una señal de impunidad.

Sin embargo, nada han dicho de los asesinos de esa noche. La semana pasada, en exclusiva, revelé un video que mostraría cómo, al menos en una zona de la ciudad, hubo ataques a manifestantes por parte de la policía que se hicieron de forma coordinada, planeada con anticipación y en los que se actuó a mansalva. Aquí, dejo el video de nuevo.

Minutos después de que ocurrió esto, los vecinos de la zona grabaron otro video, en la misma zona de Verbenal. Aquí, van las imágenes. Nuevamente se aclara que son imágenes sensibles. Por favor, ver con detalle y escuchar la narración de la comunidad: “Lo mataron”, “lo mataron”, “miren cómo esta ahí tirando sangre”, “una ambulancia por favor”.

Quien murió ahí fue Cristian Camilo Hernández. Luego, en el siguiente video, vean cómo la policía no hace nada, no auxilia a la persona, no llega ambulancia, nada de nada. Vean la indolencia y lo miserables de las personas o policías que en teoría deberían cuidarnos. Pasó mucho tiempo, antes de que alguien auxiliara a Cristian.

En los videos que ustedes vieron se aprecian fácilmente los policías, motos y camión de la zona. En este caso, no queda duda quién disparó o quiénes lo hicieron y tampoco quiénes son los asesinos criminales. Con esto, no quiero cobrar la recompensa por identificar estas personas, solo quiero que se haga justicia. La secuencia de los videos es absolutamente clara, los responsables igual y, sobre todo, la ausencia de justicia es más que evidente.

En este punto se deben decir dos cosas adicionales. Por un lado, los agentes estatales en los asesinatos de civiles indefensos tienen una doble responsabilidad. No solo la responsabilidad de matar, sino la responsabilidad que tienen por la autoridad que representan. De un bandido se puede esperar cualquier cosa, pero no de un agente estatal. Por ello, lo grave que ocurrió el 9 y 10 de septiembre. Lo segundo es que, luego de que revelé el video la semana pasada, el ministro de Defensa y la Policía Nacional emitieron un comunicado. En él se dice que seis policías resultaron heridos y uno de ellos por arma de fuego. Dan a entender entonces que, la acción de disparar, es decir, lo que pasa en el primer video de esta columna, se hizo por reacción a un ataque.

Sin embargo, al ver el primer video la teoría de la reacción se cae, pero, sobre todo, al ver los siguientes dos videos se derrumba la teoría. El comunicado es engañoso. Lo más dramático es que hasta el momento hay total impunidad, ni siquiera un coronel o general ha sido removido de su cargo, el ministro no ha renunciado y los carteles de los más buscados se hacen contra los que rompieron un vidrio blindado y quemaron unos ladrillos. Como si un CAI tuviera el mismo valor que una vida.

Nuevamente, pido al ministro y la cúpula de la policía que renuncien. Una masacre como la de Bogotá no puede quedar en la impunidad.

Gracias a Temblores ONG, quienes facilitaron los videos.

 

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