Masacres, cinismo y misoginia.

20.11.2020 06:15

Por Consuelo Ahumada

La masacre de San Mateo en Soacha, Colombia ,se conoció dos meses después de que ocurriera porque las madres de los presos fueron amenazadas de muerte. La respuesta del gobierno fue la previsible.

Las masacres y asesinatos se incrementan en todo el territorio nacional, con una sistematicidad alarmante. Su registro se convirtió en noticia habitual en estos tiempos de pandemia y desastres invernales, lo mismo que la previsible respuesta del gobierno, culpando al narcotráfico, a las disidencias y al acuerdo de paz. 

En medio de tan desolador panorama, se conoció un hecho horripilante que había permanecido oculto. El pasado 4 de septiembre en la estación de policía de San Mateo, Soacha, se produjo un incendio, provocado por uno de los jóvenes que se encontraban allí detenidos.

Según denunció del concejal de Bogotá Diego Cancino, la Policía no hizo nada por impedir que 9 de ellos murieran incinerados. Al contrario, hay indicios de que un agente entró y avivó el fuego con gasolina. Todo en medio del desespero y los gritos de las madres, hermanas y compañeras, quienes llevaban horas esperando, sin que se les permitiera entrar primero a visitarlos y después a rescatarlos.

Cancino recogió los desgarradores testimonios de las madres sobre la “hoguera humana” y sobre el trato que recibieron los detenidos, lo que comprueba el modus operandi de la Policía. Estaban en un cuarto minúsculo, en condiciones infrahumanas, sometidos a violencia física y recibían comida solo cada 5 días, muchas veces descompuesta.Esto sucedió cuatro días antes del asesinato de Javier Ordóñez a manos de agentes de la policía en Bogotá, lo que exacerbó los ánimos y provocó las protestas del 8 al 10 de septiembre, con un saldo de 13 jóvenes muertos y 72 heridos a bala.

El informe “Bolillo, Dios y patria”, presentado por la ONG Temblores días antes de estos hechos, documentaba hasta entonces 23 asesinatos en 2020 por violencia policial, expresada en golpes, patadas, agresiones con armas contundentes y violaciones. Reportaba 162 casos de abusos extremos de la policía, de los cuales 12 terminaron en homicidio. El 14 % estaba relacionado con protesta social y los principales afectados fueron jóvenes entre 17-24 años. Señalaba que la violencia policial es mayor en los sectores más pobres. Sin duda, el caso de Soacha.

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