Más ganancias para el capital y menos ingresos para los trabajadores

17.09.2018 23:58

 

Carlos Julio Díaz Lotero
ail.ens.org.co
 

La frase atribuida a Benjamín Franklin: “En este mundo lo único seguro son la muerte y los impuestos”, solo debe aplicar a los trabajadores y no a las empresas, si nos atenemos a lo expresado por el Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Su idea es que la gestión del Estado sea financiada en un 100% por las personas naturales y no por las empresas, lugar donde el capital y el trabajo crean la riqueza de la sociedad que se distribuye vía ganancias y salarios. En Colombia, según el DANE, los salarios participan del 33% del ingreso nacional, mientras que en los países de la OCDE promedia el 65%.

La propuesta de reforma tributaria del Ministro Carrasquilla continúa la línea neoliberal de bajar el impuesto de renta a las empresas, y compensar el menor recaudo tributario mediante el aumento de este impuesto a los trabajadores y de impuestos indirectos a los consumidores.

Los impuestos con los que se financian los estados se clasifican en directos e indirectos. Los primeros, que gravan el ingreso o la riqueza, son progresivos, pues quien más gana o tiene, más paga. En cambio los indirectos, que gravan el consumo como el IVA, son regresivos, pues todas las personas pagan el mismo impuesto, independientemente de sus ingresos.

El Artículo 363 de la Constitución de nuestro país dice que “el sistema tributario se funda en los principios de equidad, eficiencia y progresividad”. Es decir, que en la tributación deben tener más peso los impuestos directos, que son progresivos, como el de renta, y menos los indirectos como el IVA y el de consumo, que son regresivos.

El IVA es un impuesto regresivo porque paga lo mismo quien gana un salario mínimo, que quien gana $5millones o $50 millones. Ahora el Ministro Carrasquilla, llamando verdad a la mentira y mentira a la verdad, quiere convencernos con juegos numéricos que extender el IVA a toda la canasta familiar es progresivo, y no hacerlo sería regresivo.

El desarrollo del Estado Social Moderno fue posible en el mundo cuando la tributación transitó de los gravámenes indirectos a los directos. En Colombia, de igual manera, nos fuimos consolidando como nación cuando el impuesto de renta superó los impuestos indirectos, como la alcabala y el estanco. En 1935 el impuesto de renta representaba el 10% de todos los recaudos tributarios, hasta alcanzar el 53% en 1970. Y con las reformas neoliberales de finales de los 80 a hoy, en 2016 llegó a representar el 34%, para volver a recuperarse al 42% en el 2017, por las mayores contribuciones de los trabajadores.

Las reformas tributarias de la oleada neoliberal tienen dos tendencias: en impuestos directos, como el de renta, rebaja carga a las empresas y la aumenta a los trabajadores; los impuestos regresivos o indirectos, como el IVA, ganan participación en la estructura tributaria y los progresivos o directos la pierden.

En 1970, de la totalidad de los impuestos generados por la actividad económica interna, el de renta participaba con el 86%, mientras que los indirectos como el IVA participaban con el 14%. En el año 2017 la participación fue del 61% y 39% respectivamente.

Los lineamientos de estas reformas tributarias provienen de los organismos financieros internacionales, como el BID, donde precisamente trabajó el Presidente Duque. Sugiere aumentar los impuestos indirectos al consumo, que si bien se advierte que este tipo de tributos representan una mayor parte de los ingresos de las familias de estratos bajos que de aquellas de estratos altos, le otorgan al Gobierno más recursos para invertir en programas de alimentación, salud y seguridad social para esas mismas familias”.

Es el mismo argumento que utiliza el Ministro Carrasquilla cuando dice que el IVA que paguen los pobres se les devolverá con el apoyo desinteresado del sector financiero, y el que pagan los ricos se les revertirá con los programas sociales que están desfinanciados en el proyecto de presupuesto del 2019 que hace tránsito en el Congreso.

De aprobarse en el Congreso esta propuesta de reforma tributaria, se aumentará la desigualdad de ingresos porque aumentará la participación de las rentas del capital en el ingreso nacional y disminuirá las de las remuneraciones de los trabajadores. Al bajar el impuesto de renta de las empresas, éstas no van a generar empleo, pues la demanda agregada del país se va a contraer, ya que el IVA se apropia de parte del salario del trabajador y lo reduce. El empleo incluso puede caer.

Lo que sí aumentará con certeza al reducir el impuesto de renta de las empresas, serán las ganancias de éstas, en medio del empobrecimiento del país. Lo que se reducirá con certeza al aumentar el impuesto de renta a los trabajadores y extender el IVA del 19% a toda la canasta familiar, es el salario.

La política tributaria no es neutral. Según nuestra Constitución, debe contribuir a edificar una sociedad más equitativa, pero de igual manera a generar los ingresos para el funcionamiento del Estado y para proveer los bienes públicos y colectivos que el sector privado no puede o debe suministrar, como la justicia, la seguridad, la infraestructura, la salud, la educación, la vivienda, los servicios públicos domiciliarios, entre otros.

En la promoción del desarrollo los impuestos deben utilizarse para alentar las actividades que favorezcan el bien común y desalentar aquellas que sean lesivas.

Para el logro de estos propósitos se deben garantizar

  1. Bajos impuestos para el agro, la industria, construcción, minería sostenible, transporte, energía.
  2. Impuestos progresivos a los ingresos y la propiedad, con trato preferencial para las familias con hijos.
  3. Altos impuestos a las actividades especulativas o no deseables, como casinos, prostíbulos, casas de juego, etc., en desarrollo del principio de “tolerancia negativa”.

Esto significa que no puede existir una tarifa plana en el impuesto de renta que se cobra a las empresas. Se deben utilizar tarifas diferenciales para fortalecer la economía productiva, las empresas pequeñas y medianas, y aumentar su productividad, de tal forma que garantice mejores salarios a los trabajadores y ganancias al capital. Este enfoque tributario puede ayudar a que el capital y el trabajo tengan una relación gana–gana.

Los beneficios tributarios no deben generalizarse a todas las empresas por igual, solo deben favorecer a las empresas de los sectores productivos que se desean impulsar.

Finalmente, una mayor tributación directa a las empresas y al trabajo con tarifas diferenciales y menores impuestos indirectos, aportarán al mandato constitucional de la equidad social.

 

Carlos Julio Díaz Lotero. Analista laboral ENS.