Mario Paciolla: justicia para un poeta

23.07.2020 15:30

Por: Claudia Julieta Duque / Especial para El Espectador

“No me creo la tesis del suicidio por soledad y depresión”, afirma en este texto la periodista Claudia Julieta Duque, amiga del voluntario encontrado muerto en San Vicente del Caguán.

No habían pasado 24 horas de la entrega en Nueva York del último informe de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia cuando una de tus compañeras de trabajo te encontró muerto, mi amigo poeta y periodista, en tu casa de San Vicente del Caguán. Ese informe debía recoger tus hallazgos como voluntario de esa organización en el departamento del Caquetá, pero, tal y como pasó con tu muerte, la ONU guardó silencio.

Y es ese silencio, indigno de ti y de nuestra realidad, el que me obliga a escribir, a intentar romper con palabras el nudo que aprieta mi garganta desde que supe que una soga asfixió la tuya hasta dejarte sin vida en la madrugada del miércoles 15 de julio.

La hipótesis del suicidio resulta inverosímil para quienes conocimos tu vitalidad, tu sonrisa y también tus críticas a la Misión cuando un compañero enfermaba de dengue y pasaba el tiempo sin que fuera evacuado a otra ciudad para recibir atención médica adecuada. Te preguntabas qué pasaría si te picaba una culebra, si te enfermabas de gravedad en San Vicente. Ya habías planeado a quién acudir en caso de que algo así te sucediera: no sería a nadie al interior de la ONU, pues te preocupaba que la paquidermia burocrática te dejara aún más expuesto que una enfermedad o un accidente.

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