La paz del pueblo ausente, por William Ospina

12.03.2018 01:43

 

En Colombia, lo mismo que se advierte a lo largo de toda la historia nacional vuelve a advertirse en cada jornada electoral: la ausencia del pueblo. Todo vuelve a girar alrededor de unos nombres y de unos personajes, de sus odios y de sus venganzas, de sus programas y sus convocatorias, pero la comunidad resulta cada vez más invisible, convertida apenas en la comparsa de los elegidos, reducida a la condición de pasivos electores e invisibilizada por la estadística.

Yo diría que sólo una vez en el último siglo el pueblo tuvo una presencia protagónica en los asuntos históricos, y fue bajo el influjo de Jorge Eliécer Gaitán, quien también tenía el defecto de ser muy visible frente al pueblo al que le hablaba, pero de quien no podemos dudar que se inspiraba en ese pueblo, le daba fuerza en su discurso y lo engrandecía con su estilo. No se ha reflexionado bastante sobre el hecho de que Gaitán no difería del pueblo, él mismo era ese pueblo al que se dirigía pero provisto de voz, de memoria, de ilustración, de recursos verbales, de elocuencia y de pasión humana.

Oyéndolo, la gente no sentía el poder de un orador sino su propio poder, y sólo en ese momento el pueblo colombiano alcanzó a hacerse visible en la política, se sintió protagonista, alentó la esperanza de ingresar en una historia de la que había sido borrado desde los tiempos de la Independencia, cuando una galería de héroes se instaló en la leyenda y borró la minuciosa abnegación de esos miles de seres de ruana y de a pie que hicieron las campañas, que cruzaron los Andes tiritando y muriendo, que caminaron jornadas enteras por pantanos helados, que cargaron como suicidas con lanzas y espadas contra los cañones del enemigo. (Del autor le puede interesar: El gran relato). 

Fuente del articulo el diario El Espectador

La paz del pueblo ausente_William Ospina.pdf