La encrucijada de la JEP ante el caso de Mario Montoya

25.02.2020 20:04

 

La paradoja

El general en retiro del ejército, Mario Montoya, compareció ante la Sala de Reconocimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) el pasado 12 de febrero.

Allí no solo negó toda responsabilidad en el caso, sino que invocó el derecho a guardar silencio ante las preguntas de los magistrados. Al final respondió de forma vaga, y a tal punto que su participación fue descrita por las víctimas de los llamados “falsos positivos” como una burla hacia ellas.

El caso conmocionó a los colombianos por la contradicción evidente entre las expectativas de la JEP —especialmente en su Sala de Reconocimiento— y la posición de guardar silencio de Montoya.

Dado que se presentó a la JEP de forma voluntaria, se esperaría que lo hiciera para reconocer conductas delictivas en el marco del conflicto armado. Sin embargo, si se revisa con detenimiento el desarrollo de la Justicia Transicional, son varios los actores que se han presentado para no reconocer o para negar las imputaciones por crímenes de guerra, de lesa humanidad o de otra naturaleza.

 

¿Guardar silencio es posible?

El marco constitucional contempla el derecho a guardar silencio dentro de un sistema de defensa, que impone la carga de la prueba a la Fiscalía.

Lo extraño y contradictorio es que se invoque después de haberse presentado de forma voluntaria ante la JEP, y justo en la sala cuya tarea es recibir las declaraciones que aporten a la verdad y al reconocimiento de las responsabilidades individuales y colectivas por los crímenes cometidos en el marco del conflicto.

En principio diríamos que la conducta de Montoya no tiene sentido dentro de la JEP.


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