Juana Perea , la mujer que luchando por el Chocó fue asesinada.

01.11.2020 16:06

“¡Maldita sea la injusticia social de este país! ¡Maldita sea la arrogancia de los citadinos que desconocen las realidades de una gran parte de este país!”.

Juana Perea hablaba con fortaleza, con ganas de que su voz se escuchara más allá de Nuquí, Chocó, donde se había radicado hacía un par de años. Estas palabras llegaban solo unas semanas antes de ser asesinada. El cuerpo de esta colomboespañola, de 50 años, fue hallado en la madrugada del jueves pasado a orillas del mar. De un balazo en la cabeza acabaron con su vida y callaron sus ideas. 

En 2017, Juana y su esposo, el estadounidense Dave Forman, se internaron en la selva chocoana, en una zona conocida como Termales, a 40 minutos en canoa desde el casco urbano de Nuquí.

La pareja estaba a punto de inaugurar a orillas del mar una cabaña turística para mostrar la exuberancia de esta parte de Colombia, como la magia de las ballenas yubartas. A la experiencia la habían llamado ‘ChocoAventura’. 

“Ellos dos eran uno. Se conocieron en Afganistán y terminaron en Colombia para construir su sueño de un ecohotel. Se había enamorado de Nuquí”, cuenta Alejandra Jiménez, amiga de Juana.

Juana y Dave conocían la guerra de cerca, en ese país del sur de Asia vivieron sus horrores. Él como bombero y ella trabajando como operadora logística para una firma norteamericana, en la aprendió a lidiar con el conflicto.

Aventurera, viajera, solidaria, sensible y creyente en la paz de su natal Colombia, abandonó Afganistán con su pareja para buscar tranquilidad. Viajaron a Panamá, donde trabajó como productora de televisión para una empresa húngara y se casaron, luego buscaron un terreno en Colombia en el cual exploraran su pasión, el buceo. Iñaki Perea, hermano de Juana, cuenta que ella empezó a liderar a los hoteleros del sector y también hacía talleres con mujeres del corregimiento de Termales.

“Buscaba mejorar las condiciones de vida en el sector, un sitio olvidado, lleno de carencias. Ella estaba dispuesta a ofrecer todo a quien lo necesitara y contribuir en que cada uno labrara su futuro”, señala Iñaki.

En los últimos meses, cuenta Iñaki, su labor se centró en la defensa del golfo de Tribugá, del cual se convirtió en protectora para evitar que allí se construyera un puerto, situación que consideraba un ecocidio. 

“Con el puerto, intentó hacer fuerza para evitarlo, peleaba por los animales, por las ballenas, por los que no pueden ser escuchados. Peleaba por los líderes asesinados. Ella ahora es una estadística más, desafortunadamente no para mí”, añade Alejandra.

 

Se convirtió en protectora para evitar que allí se construyera un puerto, situación que consideraba un ecocidio

 

De hecho, Iñaki cuenta que su hermana estaba feliz por esos días, pues el proyecto se había hundido, por lo que no tiene claro cuál pudo ser la razón de su asesinato. La mujer había quedado sola en Nuquí, pues por las dificultades económicas provocadas por la pandemia, Dave había retornado hace dos meses a Afganistán para conseguir los recursos que necesita el ecohotel.

Sobre amenazas, Iñaki y Alejandra señalan que, de existir, ella nunca les habría mencionado sobre estas, debido a que era una mujer valiente que prefería asumir estos problemas sin preocupar a los demás.

“Si ella estuviera en riesgo, intentaría no transmitir esa información. Sabía que la situación en Nuquí era delicada; pero siempre pensó que si hacía las cosas bien, los demás le iban a responder con el bien. Pero eso no pasa en Colombia. Quizá esto no es sorpresa para ella misma. Quizá lo presintió cuando empezó a ser más social”, señala Alejandra.

Ningún familiar pudo asistir al sepelio de Juana, la tarde del viernes en Nuquí. El cuerpo no pudo ser trasladado a Bogotá debido a problemas para su conservación. 

Desde la Personería de Nuquí elevaron la alerta por la violencia que se desató en el municipio.

“Necesitamos que nos escuchen. Ojalá haya inversión social en el municipio, los grupos al margen de la ley nos están tomando ventaja y si no se ataca este problema de raíz pueda que sucedan otros hechos violentos como el de Juana”, lamenta el personero Guillermo Cuesta, quien manifiesta que este año el municipio ha estado sitiado por la violencia. 

Con él de Juana van seis homicidios, y los desplazamientos son frecuentes por amenazas de grupos armados. Iñaki y las autoridades temen que este crimen quede en la impunidad, teniendo en cuenta que el cuerpo policial es escaso y tampoco hay presencia de la Fiscalía

“¿Dónde está toda esa indignación cuando matan a los líderes sociales? ¿Por qué no salen a la calle a gritar y exigir cuando las voces de los que defienden los derechos de otros son calladas a balazos?”, también reclamó Juana antes de ser asesinada.

 

CRISTIAN ÁVILA

NACIÓN