Alfredo Molano, el sociólogo de los olvidados, un ser humano íntegro

03.11.2019 10:52

A la una de la madrugada del día 31 de octubre de 2019 falleció Alfredo Molano, pocas horas después de los crueles asesinatos en el Norte del Cauca, pocas horas antes de muchos otros asesinatos que están llenando de sangre y dolor nuestra alegría de vivir y nuestra determinación por luchar por una Colombia justa, digna y pacífica. En estas condiciones casi no tengo tiempo de llorar la muerte de mi mejor amigo, Alfredo Molano, uno de los intelectuales activistas más brillantes del siglo XX y probablemente uno de los más incomprendidos. 

Tuvimos un maestro común, Orlando Fals Borda (OFB). De él aprendimos que la ciencia propia de los campesinos, de los indígenas y demás pueblos olvidados, humillados y silenciados era una inagotable fuente de enriquecimiento de las ciencias sociales y de las luchas sociales. Alfredo llevó esta lección a su máximo limite, hasta el punto de que muchos sociólogos y departamentos universitarios convencionales no reconocieron su trabajo como perteneciente a las ciencias sociales. Alfredo pagó un precio caro por eso. Tuvo dificultades en terminar su doctorado y solamente muchísimo más tarde fue reconocido por la Universidad donde aprendió a ser sociólogo de los olvidados. Su método era sencillo, tan sencillo que ni parecía un método. Es por eso por lo que tantos lo ignoraban o como mucho lo consideraban un escritor de ficción. Su método consistía en recorrer a pie, a caballo, en barco los rincones más recónditos de Colombia, la Colombia profunda, hablar con los campesinos más humildes, grabar horas incansables de diálogos y después construir un texto suyo escrito en primera persona, que se transfiguraba para dar cuenta minuciosa de la vida, del sufrimiento, de la alegría y de la lucha de la gente con quien convivía. Era una sociología cualitativa de nuevo tipo, una investigación- acción participativa que llevaba más lejos las propuestas de Orlando. En vez de dos narrativas paralelas como en Historia doble de la Costa, de OFB, emergía una solo narrativa, la del campesino, que era también la narrativa de Alfredo, como si fuera la todos los campesinos con quien compartió conocimiento. Su saber no era un saber sobre, sino un saber con. Las campesinas y campesinos que Alfredo personificaba eran personas sabias, racionales, emocionales, indignadas por tanta injusticia, acostumbradas al sufrimiento y a la muerte y, al mismo tiempo, con una alegría de vivir sorprendente y natural, pragmáticas para poder sobrevivir en una sociedad tan injusta y tan violenta. 

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