SIN TREGUA PARA EL PUEBLO NEGRO

23.03.2017 15:01

 

 

Cinco casos para entender que nada ha cambiado. O dicho en lenguaje entendible: “Esta es una pelea de tigre con burro amarrado”. Los pueblos afro denuncian que nada ha cambiado con el acuerdo de La Habana y reclaman el reconocimiento del “pasivo de derechos” vulnerados.

 

Paco Gómez Nadal | Felipe Chica

 

Para empezar, seis voces. Con peso específico, con la historia de resistencia tatuada en sus gargantas. “Han pasado 24 años desde que se aprobó la Ley 70 [en 1993, sobre comunidades negras] y aún no está reglamentada en sus capítulos principales”. Francia Márquez es lideresa del consejo comunitario de La Toma de Suárez, norte del Cauca, y debe vivir por fuera de sus territorio por las múltiples amenazas en contra de su vida. Habla con claridad y sabe que el país reconoció a los negros “en la parte trasera de la Constitución”, en un artículo transitorio. Igual pasó en el acuerdo de paz de La Habana, “el último día, en el último minuto”.

Eduar Herrera es del consejo comunitario Renacer Negro, en Timbiquí (Cauca). Su consejo logró la primera sentencia de restitución de tierras colectiva a comunidades afro en Colombia. Fue el 1 de julio de 2015. “Y no ha pasado nada. Las instituciones obligadas a la reparación por la sentencia siempre ponen de excusa la falta de recursos. Para nosotros nunca hay plata”. Herrera cree que lo que verdaderamente ocurre es que “aún no reconocen que somos parte de este país. Los territorios que no aportan al modelo económico que impulsa el Gobierno no tienen derechos”.

Serían, según explica Ariel Palacios, de la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas (CNOA), las comunidades que no responden a “la maraña”. Y “la maraña”, para Palacios, está conformada por empresarios y políticos que responde a la “lógica del mercado que es la lógica también de las instituciones”. “Buenaventura y Quibdó”, insiste el representante de CNOA, “demuestran que [los afrocolombianos] estamos en la espalda del Estado y eso es intencional”.

A la espalda y por fuera. Amílcar Rocha llega desde Montes de María, esa vasta región de dolor y usurpación a caballo entre los departamentos de Bolívar y Sucre. Cuando “empezó la guerra”, los afrodescendientes poseían el 65% de la tierra. Unas décadas y 107 masacres después, ahora se apelotonan en un 11% de la tierra, mientras el 89% está en mano de 187 propietarios. “Llevamos 10 años de supuesto postconficto y de luchas y resistencias… pero esto es pelea de tigre con burro amarrado”. Las derrotas no aflojan la lucha, pero explican el porqué de ciertos desgastes.

“¿En qué consiste la deuda histórica y cómo vamos a hacer para que sea pagada y superar la inmensa brecha de desigualdad racial en la que vive nuestra gente?”

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