Ni siquiera ha llegado la paz de los cementerios

04.04.2017 18:00

 

José Antonio Gutiérrez D.
Rebelión
 
Durante décadas se nos dijo que, desaparecida la guerrilla, desaparecería el paramilitarismo (según algunos violentólogos, una mera reacción a la “violencia guerrillera”) y que el Estado ya no tendría excusa para seguir reprimiendo, encarcelando y asesinando dirigentes sociales. Afirmaciones contrarias a todo sentido histórico que han sido, lamentablemente, desmentidas por los mismos hechos en Colombia. Hace dos años que las FARC-EP, como movimiento guerrillero que combatía las fuerzas del Estado, se han, efectivamente, desmovilizado. Tienen armas todavía, pero no las usan. Desde los inicios de las negociaciones de paz, las FARC-EP estuvieron gran parte del tiempo en cese al fuego unilateral y bajaron su capacidad ofensiva enormemente. Según la teoría de la guerrilla “excusa” para la violencia paramilitar y de Estado, el número de asesinatos selectivos debería ir decreciendo y el paramilitarismo debería ir desapareciendo, al esfumarse su supuesta causa. Sin embargo, pese a la existencia de un reducto del EPL y la guerrilla del ELN (ambas con una capacidad militar muy inferior de la que gozaban las FARC-EP), Colombia aún se encuentra sin paz y ahogada en sangre. 



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