Mitos y Leyendas Sobre el ELN.

11.08.2017 12:32

La información que se ofrece a la sociedad se nutre de fuentes directas (a veces) pero también de prejuicios, y en otros tantos casos, de mala fe. Las personas de bien, que nada tienen que ver con los intereses de las grandes corporaciones mediáticas, consumen sin embargo lo que se dice en los medios; aunque en algunos casos puedan desconfiar, no suele haber espacios para el debate de ideas o, algo más elemental, para refutar mentiras.

Por eso presentamos en esta nota la primera parte de una serie de "Mitos y Leyendas sobre el ELN". Esperamos que las explicaciones sean clarificadoras.

 

Mito uno: “el ELN no tiene voluntad de paz”

La decisión de explorar en este momento histórico (una vez más) el camino de la paz, no es un embeleco de unos pocos sino una decisión del V Congreso del ELN, dada conocer públicamente en enero de 2015. De hecho, el ELN ha buscado la paz desde su origen, y desde 1991 bajo la expresión de lograr “una salida política del conflicto”. Reducir nuestra política a la Mesa de Quito es, además de incorrecto, injusto. Cuando usamos la palabra “explorar” no es porque estemos jugando en los diálogos; esa exploración para nosotros es tan seria, que movimos parte de nuestra dirigencia a Quito. Uno de los problemas parece ser que cuando decimos “diálogo” a algunos les gustaría escuchar “rendición”, y ahí sí que es difícil avanzar.

 

Dos: “dilatan los tiempos”

Durante la fase confidencial se perdieron por lo menos 15 meses por responsabilidad del Gobierno que no asistía a las citas. Después el gobierno presionó tratando de convencernos de la idea del “tren de la paz” y de someter el proceso con el ELN a los avances de la mesa con las FARC. Las comparaciones son odiosas, pero si se mira el proceso de La Habana (que fue rápido en comparación con otros procesos de paz en otras partes del mundo), en pocos meses, el balance es positivo: La Mesa de Quito ya tiene un reglamento interno, unos mecanismos de apoyo de la comunidad internacional, dos sub-mesas (participación política y dinámicas humanitarias), y hemos avanzado en la conformación de un equipo conjunto de Pedagogía y Educación para la paz. Pero lo más llamativo es que en pocos meses estamos dando pasos firmes hacia una tregua bilateral que incluye no solo el cese el fuego sino medidas de alivio a la población no combatiente.

 

Tres: “proponen una agenda abstracta”

La agenda no es el documento final sino una guía para avanzar, así que hay que entenderla en su justa medida. No es la agenda del ELN sino la agenda de la Mesa, es decir: una agenda en la que el gobierno también tiene responsabilidad. No está llena de abstracciones, es muy concreta: aparecen temas como garantías de la manifestación pública, corrupción, degradación ambiental, equidad, reconocimiento de las víctimas. Si puntos como democracia, ciudadanía y participación son abstracciones, significa que estamos botando la bañera con todo y niño, al reducir palabras fundantes de la convivencia en figuras decorativas vacías de contenido.

 

Cuatro: “no van a dejar de secuestrar”

 

Para el ELN la privación de la libertad temporal de personas no es siempre por motivos económicos, y cuando así lo es, no se trata de la principal ni la única fuente de financiación (que toda organización revolucionaria debe resolver de alguna forma); esta práctica está relacionada con: a) el cobro de impuestos revolucionarios, b) la presencia de extraños en zonas bajo nuestro control, y c) los llamados de atención a personas que están causando un daño real o potencial a las comunidades. La búsqueda de otras vías distintas a esas prácticas está puesta a debate en la Mesa de Quito, donde, además, ya se están explorando alternativas concretas. El ELN no rehúsa ningún tema de debate, ni ninguna responsabilidad. Meter todos los casos en la misma bolsa o pretender rechazar la realidad sin matices ni alternativas es simplista, además de inconducente, si realmente se tiene real voluntad de paz.

 

Cinco: “pretenden hacer la revolución en la mesa de negociación”. 

No es cierto que el ELN pida “solo” tres cosas (como se nos cuestiona con ironía): “lo político, lo económico y lo social”. El ELN pide, eso sí, unas transformaciones mínimas y básicas para avanzar en el camino de la paz. No se trata de hacer la revolución en la Mesa, pero tampoco de renunciar en la lucha a cambio de nada para el pueblo. Además, no pedimos nada que no esté en la Constitución de 1991 o en un Estado decente, donde la noción de Estado social de derecho sea una realidad. Si a alguien la parece que discutir sobre la pobreza y la exclusión social es “hacer la revolución”, entonces desde el Papa Francisco hasta Nelson Mandela deberían ser medidos con esa misma vara.

 

Seis: “la propuesta de participación no se entiende”

No es verdad que estemos planteando una asamblea de 49 millones de colombianos para, recién entonces, avanzar en los diálogos; o que solo invitamos a los sectores populares organizados a la participación. Lo hemos dicho en muchos medios, queremos que la participación de la sociedad involucre también a las grandes ciudades, a los empresarios grandes y pequeños, a los militares, a las iglesias, y a todas las expresiones sociales que quieran participar. Pero no somos nosotros los que le tenemos miedo a la participación. ¿Por qué insistimos en este punto? Porque una de las causas del conflicto es la exclusión política; si no se tocan, así sea mínimamente, dichas causas, la paz se reduciría al desarme de las insurgencias y no a los cambios sociales que el país espera.

 

Siete: “el ELN no tiene unidad interna”

Es cierto que somos una organización asamblearia, pero eso no nos hace una confederación. Hay una dirección y una política en la que se expresan todas las tendencias políticas y todas las regiones del país. Tenemos, como todo grupo humano, diferencias internas, pero podemos decir que nunca en nuestra historia la organización ha estado tan unida. Por eso, las órdenes que se han dado, desde la tregua unilateral con motivo del plebiscito de octubre de 2016 hasta la liberación de personas retenidas en Chocó o Catatumbo, han sido acatadas por las unidades del caso. Es más, la Delegación de Diálogos tiene en su composición a miembros de diferentes estructuras, incluyendo a alguna que se señala (como parte de la construcción malintencionada del mito), de estar separada del resto de la organización.