El Irrespeto a las Víctimas del Conflicto

23.04.2017 18:39

 

Por :Lucia Serrano

El 9 de abril, día en que se conmemora el asesinato del líder popular Jorge Eliecer Gaitán, el establecimiento decidió conmemorar el Día Nacional de las Víctimas, no con la intención de homenajearlas, sino de borrar de la memoria del pueblo colombiano el día en que ante el asesinato de su líder, la oligarquía lo llevó a tomar las armas para defenderse y proseguir la lucha.

Desde entonces el régimen ha pretendido convertir a las víctimas en una marioneta cuyos hilos se muevan dependiendo de los intereses del momento. Por eso dicha conmemoración en nada se compadece con su situación actual, pues éstas después de más de 50 años de conflicto reciente y más de 200 años de colonización, siguen siendo utilizadas para las campañas políticas y electorales, aún en su propio día.

Como si se tratara de una telenovela o un show de caridad, los medios de comunicación, dedicados a exaltar las emociones, las vulneran cada vez que se refieren a ellas. Es usual, como en el caso de Mocoa, ver presentadores que de manera compasiva les hacen preguntas sin ninguna intención periodística, esperando que éstas les ayuden a los camarógrafos a enfocar las lágrimas que aumentan la audiencia televisiva.

Ante las peores masacres paramilitares los medios escondieron el dolor de las víctimas, pero otro fue su enfoque cuando se atrevieron a decir descaradamente que los militares eran víctimas del conflicto, porque la población, como en el caso de las comunidades indígenas del Cauca, no los quería en sus territorios.

Este manejo mediático donde unas víctimas se visibilizan y otras no, donde unos se llaman víctimas sin serlo y donde quienes sí lo son, se ven utilizados para subir los raitings de las noticias, tiene como fin eliminar de la condición de víctimas la memoria y la garantía de no repetición. Despojar a las víctimas de su capacidad de hablar de las causas y los responsables del conflicto, y por lo tanto de la responsabilidad del Estado en que estos hechos ocurrieran y sigan ocurriendo, es la táctica escogida por la oligarquía para quitarle el sentido a la palabra víctima y reducirla a la palabra lástima.

Pero no solo le mantiene restringido su sentido político, sino que pretende utilizarlas para la contienda electoral como caldo de cultivo de posibles electores. En el caso de Mocoa, el total del gabinete ministerial se trasladó con la supuesta intención de hacerle frente a la situación. Lo cierto es que la mayoría del gabinete renunciará en los próximos meses para unirse a la campaña de sus respectivos barones electorales y por lo tanto los planes de reconstrucción del municipio se convertirán en promesas de los candidatos a las distintas corporaciones públicas quienes a costa de los afectados generarán nuevos votantes.

Cuando las víctimas son quienes se oponen a la clase en el poder de manera directa son culpabilizadas y negadas de manera permanente. El episodio que Gloria Gaitán sufrió en el Congreso de la República, el mismo día del aniversario de la muerte de su padre, demuestra el poco respeto que le guarda la oligarquía a las víctimas del Terrorismo de Estado. Gloria Gaitán señaló que los paramilitares la convirtieron en objetivo militar por mantener viva la herencia de su padre, y que el expresidente Uribe decidió destituirla de la Casa Museo Gaitán e interponerle más de 44 demandas para justificar su accionar, revictimizando a quien ya había sido víctima del conflicto.

Ante la memoria y la verdad, el ex-Presidente Uribe opuso la estigmatización, alegando que le negaron su derecho a réplica, y que él también tenía derecho a hablar porque era víctima de la violencia; !!!oh cinismo!!!. Ante la rabia de quienes han sufrido el terror narcoparamilitar, los uribistas que ahora se llaman víctimas, llamaron a las verdaderas víctimas vagos y mentirosos, mientras su discurso callejero se convirtió en su segundo acto de campaña política hacia el 2018.

Que decir de las víctimas que hoy en día en intención de retornar a sus tierras despojadas y recuperar la dignidad de sus seres queridos, son recibidos por ejércitos antirestitución que cuentan con el aval político de la clase dirigente, que aún luego de 50 años del conflicto reciente sigue teniendo planes económicos transnacionales para las tierras que una vez usurpó.

Los campesinos no solo no pueden retornar a sus tierras, sino que siguen siendo vinculados por parte de la derecha a la insurgencia por medio de su brazo ilegal, poniendo en riesgo su vida y su integridad, mientras de manera cínica señalan que votar por la otra derecha es la única manera de reconstruir su vida.

Así, en un país con más de 10 millones de víctimas, su memoria, sus intenciones y proyecciones de vida parecen ser gritadas a oídos sordos que siguen pensando que lo bueno del posconflicto es que con él se ganarán votos y dinero a costa de la inversión extranjera.

La palabra víctima debe estar acompañada de la palabra dignidad. No es posible que en la actualidad no exista un debate serio sobre las causas del conflicto social, político y armado, la responsabilidad del Estado en su desarrollo, y peor aún, no exista ninguna muestra de voluntad de sacar la violencia de la política.

Para el ELN las víctimas no solo deben ser escuchadas, sino que deben dirigir los esfuerzos de un nuevo momento para el país, como hemos señalado todos los dolores cuentan, y el conjunto de las víctimas son el centro de la solución política.